martes, 7 de marzo de 2023

Si los ODS vienen de los ODM…¿de dónde vienen los ODM?

 

A veces pensamos que las agendas del desarrollo caen del cielo. Un recorrido por la historia del desarrollo y la cooperación internacional nos permite comprender algunos aspectos no siempre puestos de manifiesto en las explicaciones sobre las agendas de desarrollo. En la década de los 80 y 90 del siglo XX, muchos países en desarrollo sufrieron la llamada crisis de la deuda, que venía a añadirse a sus problemas estructurales (desigualdad, opresión, efectos del colonialismo, pobreza, expolio material y ambiental, etc.). Muchos de estos países cayeron en la bancarrota. 


La crisis de la deuda sobrepasó la dimensión económica y financiera, definiendo las políticas de los países en desarrollo, impuestas por los organismos financieros multilaterales (FMI y Banco Mundial) y los países que los controlaban mediante los planes de ajuste estructural. Éstos debían aplicarse para acceder al crédito necesario para reducir la deuda exterior e implicaron privatizaciones, desregulación del mercado, apertura unilateral de los mercados a las exportaciones y recortes en políticas sociales. El resultado fue el incremento de la pobreza en los países del Sur. 

 

Mientras los organismos financieros internacionales aplicaban las políticas del ajuste en la década de los 80 y principios de los 90, en el seno de la ONU se desarrollaban conferencias y encuentros para configurar la agenda del desarrollo. Los principales donantes y la OCDE contribuían también a esta evolución. En 1981 se realizó la I Conferencia de la ONU sobre Países Menos Desarrollados. En 1984 el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE creó el primer grupo de expertos en Desarrollo de las Mujeres. En 1987 tenía lugar la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo, y se publicaba el Informe Bruntland, definiendo por primera vez el concepto de desarrollo sostenible: “la capacidad para “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”. En 1990 se celebró la Cumbre de la Infancia (N. York), en 1992 la de Medioambiente y desarrollo (Río de Janeiro), en 1995 la de Población y Desarrollo (Copenhague) y Mujer y desarrollo (Beijing), en 1996 la de Alimentación (Roma).

 

En 1990, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica el primer Informe del Desarrollo Humano (IDH). El concepto de Desarrollo Humano se define como el proceso de ampliación de las oportunidades de las personas, en función de sus capacidades y libertades. Se busca la creación de un entorno para que las personas desarrollen su máximo potencial, logren una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses. El nuevo concepto no se limita al crecimiento económico, que es sólo un medio para que cada persona tenga más oportunidades. El IDH presenta cada año el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de los países, compuesto por 3 dimensiones clave: longevidad (medida a través de la esperanza de vida al nacer), nivel educativo (años de educación promedio y de años esperados de instrucción) y el nivel de renta (medido a través del ingreso per cápita).

 

En 1996, el CAD/OCDEE publica un documento que fue el núcleo central y antecedente de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Con el título “Moldeando el siglo XXI: la contribución de la Cooperación Internacional para el Desarrollo, la OCDE demuestra su poder de agenda y de pautar la doctrina y la práctica del desarrollo y de la cooperación internacional . Su propuesta de adoptar unos “Objetivos de Desarrollo Internacional” será recogida por la ONU y plasmada en la Agenda del Milenio suscrita por 189 países, sin que ello implique obligaciones de derecho internacional, ni sanciones por su incumplimiento, teniendo carácter orientador y voluntario.  El siglo XXI se inicia con una agenda de desarrollo centrada en la lucha contra la pobreza en 4 áreas temáticas (bienestar económico, desarrollo social, sostenibilidad ambiental y asociación para el desarrollo), 8 objetivos, 18 metas y 48 indicadores. En la Declaración del Milenio, los Estados se comprometen a realizar el máximo esfuerzo posible para avanzar en erradicar la pobreza y el hambre, promover la  educación universal, salud,  equidad de género, sostenibilidad ambiental y fomento de una asociación mundial para el desarrollo. 


En 2002 se convoca la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, celebrada en Monterrey, continuada en 2008, por la Conferencia de Doha. En ellas se acordó ampliar las oportunidades de desarrollo de las relaciones económicas internacionales y renovar el compromiso con una ayuda más vigorosa y eficaz, orientada hacia el cumplimiento de los ODM. Sus efectos fueron limitados. Solo algunos donantes de la UE se comprometieron a destinar para 2015 el 0,7% de su PIB a Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), con la meta intermedia del 0,5% en 2010). Los EE. UU. y Japón, dos de los países donantes más grandes en términos absolutos, no asumieron compromisos financieros. Después de la Conferencia de Monterrey, la AOD total aumentó hasta 107 mil millones de dólares en 2005, con un gran incremento de las operaciones de alivio de la deuda practicadas ese año. 

Las perspectivas alentadoras de la Agenda del Milenio fueron truncadas por los atentados del 11 de septiembre (2001). La financiación internacional se orientó a países aliados en la lucha contra el terrorismo yihadista. En los años siguientes los principales receptores de AOD fueron países clave de la coalición liderada por los EE. UU.: Irak (tras la caída de Sadam Husein) o Pakistán. La “seguritización de la ayuda” afectó a casi todos los donantes, incluidos los Nórdicos que apostaban por una cooperación para la paz. Más allá de la respuesta a las amenazas de seguridad, los donantes de la OCDE sólo respondían con vigor a las catástrofes humanitarias, como el Tsunami en el Océano Índico (2004), y aun así por corto espacio de tiempo. Los picos en las estadísticas de ayuda oficial al desarrollo compiladas por el CAD casi siempre corresponden a desastres como el terremoto de Haití (2010). 


El cumplimiento de los ODM avanzaba lenta, insuficiente y desigualmente. En la Cumbre del Milenio+5, mecanismo quinquenal de seguimiento (2005) se constató la caída de la financiación para el desarrollo. En 2010, en la segunda revisión de los ODM hubo una nueva decepción. La Cumbre del Milenio+10 alertó: no se cumplirían globalmente las metas acordadas para 2015. El contexto internacional de crisis financiera, ajuste fiscal y recorte de derechos era muy adverso.


La agenda de los ODM envejeció rápido. Se concibieron para luchar contra la pobreza, cuando el mayor número de personas “pobres” se concentraba en países de renta baja. En 2005, el 53,9% de los individuos en situación de pobreza vivía en países de bajos ingresos (la mayoría países del África subsahariana y varios asiáticos). En 2010, ese porcentaje bajó hasta el 10,4%, y el mayor número se concentraba en países de renta media (48,8%). El cambio en la geografía de la pobreza hizo crecer los cuestionamientos sobre la pertinencia de una agenda basada en unos objetivos pensados para países de ingresos bajos, cuyos problemas y sus causas diferían sustancialmente de los de renta media que habían superado la pobreza extrema y enfrentaban otros desafíos (CHANDY, L. y GERTZ, G. (2011): “Poverty in Numbers: The Changing State of Global Poverty from 2005 to 2015, Policy Brief, The Brookings Institutions, January, Washington D.C.)


Esta historia continuará en la próxima entrada para describir el proceso que llevó a la adopción de la Agenda 2030.

 

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